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COVID-19 Desde el punto de vista de la Epidemiología

Eddy Roberto Segura Paucar,

Médico Cirujano por la Universidad Peruana Cayetano Heredia, Magíster en Salud Publica con mención en Epidemiología por la University of California, Berkeley. Coordinador de la Maestría en Epidemiologia Clínica y Bioestadística de la Universidad Científica del Sur.

 

¿Qué tan peligroso es el COVID-19 en comparación con otras epidemias en nuestro país?

COVID-19 es el nombre para la enfermedad producida por un tipo especial de coronavirus que, genéticamente, se parece mucho al que causaba el SARS. Este nuevo coronavirus ha ido descrito inicialmente en China y, al ser nuevo, los seres humanos no tienen inmunidad previa conocida o reportada. Si hablamos de la “peligrosidad” entendida como la severidad de la enfermedad clínicamente visible, pues esta varía desde cuadros caracterizados por malestar general, tos, dificultad respiratoria (o incluso podrían mostrar algunos otros síntomas de cualquier infección respiratoria viral indistinguible de otras) hasta casos de letalidad que han sido reportados en el mundo y en nuestro continente a la fecha. Según datos de la OMS, del 100% de casos aproximadamente 80% tienen síntomas leves, 15% síntomas moderados y el 5% restante son casos severos que requieren soporte ventilatorio y cuidados críticos. Globalmente, la mortalidad asociada a esta enfermedad es aproximadamente 3%, llegando a superar el 10% en el caso de adultos mayores y sujetos con comorbilidades previas.

¿Qué otros virus o bacterias son más peligrosos en nuestro país?

Existen varios factores que determinan la “peligrosidad”, tales como el número de casos presentes o detectados (hasta la fecha 15 en Perú al cierre de esta nota), la eficacia de la transmisión entre personas (aérea, por gotitas o contacto directo en este caso), las medidas de prevención y su correcta aplicación (lavado de manos, evitar contactos directos, barreras físicas, aislamiento, etc.), y la severidad de la enfermedad o su gravedad, solo por mencionar algunos factores. Es muy difícil comparar todas estas características entre enfermedades diferentes. Además, el COVID-19 es causado por un virus nuevo y en cada país puede tener un comportamiento epidemiológico diferente dependiendo de la población, los recursos, el sistema de salud, el manejo adecuado de información, la práctica de medidas de prevención, etc. Globalmente, solo para comparar algunos números, el número de casos letales asociados a COVID-19 por día es muy similar al dengue, y muy por debajo de otras enfermedades como la tuberculosis, la diarrea por Rotavirus o incluso la Rabia. En nuestro país, conforme se conozca mejor la epidemiología de esta enfermedad se podrán tener una mejor idea. Actualmente ya se han evaluado a aproximadamente 656 muestras por el INS y se han detectado los casos ya reportados (15 al cierre de esta nota).

¿Qué consecuencias trae la desinformación y la histeria colectiva en este contexto?

Tanto en los diarios como en la televisión existen muchos mensajes de alarma tal vez innecesarios sobre esta enfermedad. Ello solo contribuye a perpetuar el clima de inseguridad y temor colectivo que ya se está viviendo en el país. Está en nuestra naturaleza humana reaccionar con temor ante lo desconocido o ante lo incierto. Entonces la información adecuada y de fuentes confiables es muy importante en este contexto. Desde cosas tan sencillas como el manejo de la información sobre la correcta técnica de lavado de manos, conocer la verdadera gravedad de la enfermedad clínica e incluso saber identificar los signos de alarma que debemos vigilar pueden influenciar inmensamente en la forma y magnitud de propagación de esta nueva enfermedad.

¿Cuál es el enfoque que se debe tomar para afrontar esta pandemia?

En este momento, lo mejor es la prevención siguiendo las medidas básicas que tanto la OMS como el MINSA han indicado: Lavado de manos, evitar o minimizar el contacto entre personas, uso de gel, barreras físicas para los casos en que este indicado y los aislamientos para los casos detectados confirmados o incluso algunos sospechosos según las definiciones vigentes. Además, en esta enfermedad es posible aplicar medidas de contención para minimizar su transmisión poblacional (lo que no es posible en otras enfermedades). Solo por mencionar ejemplos, en algunos países de Europa se han cancelado eventos deportivos o se están jugando partidos de fútbol sin público asistente para minimizar la conglomeración de sujetos; de forma más precisa, en Italia se ha limitado la movilización internacional en el país para disminuir el riesgo de propagación y en nuestro país se ha anunciado hoy que las clases escolares empezarán el lunes 30 de marzo (casi 2 o 3 semanas después de lo previsto). Los enfoques pueden ser tanto desde el abordaje individual, comunitario/colectivo y desde el estado a través del sistema de salud y en articulación con otras áreas (sector laboral, deportivo, etc.)

¿Cuál es el perfil profesional de los encargados de luchar contra este virus y encontrar maneras efectivas de enfrentarlo?

Todos los profesionales de salud son las primeras personas llamadas por vocación de servicio para contribuir a controlar esta enfermedad COVID-19. El profesional de la salud es una de las fuentes de información para la población general y es quien puede indicar las medidas a tomar en el plano individual, en el hogar, en la comunidad, en el colegio e incluso más allá. Si hablamos de un control a niveles superiores involucrando ministerios y gobierno, definitivamente los epidemiólogos juegan un rol importante para poder conocer y entender mejor la enfermedad, y a partir de esta información presentar la real situación nacional, instaurar las medidas cada vez más apropiadas y diseñar planes de mayor alcance en tiempo y espacio. Todo esto, por supuesto, mientras se van desarrollando los tratamientos específicos para la enfermedad.

¿Se pueden encontrar estos perfiles en nuestro país? ¿Hay algún tipo de incentivo del estado hacia la preparación de dichos profesionales?

Existen epidemiólogos en nuestro país, tanto en los campos de docencia, gestión e investigación, en el sector nacional y en la industria privada. En el MINSA, existe el Centro Nacional de Epidemiologia, Prevención y Control de Enfermedades y el Instituto Nacional de Salud, cuyos profesionales de la salud, entre ellos epidemiólogos, están realizando todos los esfuerzos para detectar los casos, comprender el comportamiento epidemiológico de la enfermedad y promover las medidas de prevención, control y contención requeridas cuando estas sean aplicables. Las universidades, a través de programas de posgrado como nuestra Maestría en Epidemiología Clínica y Bioestadística forman a estos profesionales para que sean actores clave en el futuro, no solo para el control de esta enfermedad, sino de todas aquellas que son de relevancia nacional.

 

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